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Paradís
2012
Catalogado Premio Arquia/Próxima 2014

Parte del trabajo del antropólogo Leroi-Gourhan, se centró en investigar como el desarrollo de las técnicas primitivas vinculadas a quehaceres cotidianos como cazar, cultivar, construir o tejer, ayudaron a la evolución biológica de la especie y no al contrario como se suele explicar. Según Gourhan, la tecnificación de estas prácticas, lejos de ser simples consecuencias de cambios producidos de forma azarosa en la estructura biológica del hombre, fueron por el contrario un motor que producía no sólo variaciones en el comportamiento y la organización de las sociedades primitivas, sino que además, estos nuevos hábitos eran los que fomentaban ciertos cambios en la evolución natural.

Siguiendo con Gourhan, algo parecido nos explica sobre el origen del arte en estas sociedades primitivas. Para él, las primeras inscripciones de marcas dejadas voluntariamente por los humanos, mucho antes de la aparición de las pinturas rupestres que todos conocemos, debieron ser signos ligados a la contabilización de cosas. Animales cazados, recuento de bajas... Números de cosas que necesitaban recordar y que empezaron a formar dibujos ornamentales abstractos que se han ido transmitiendo de generación en generación hasta nuestros días.

Por lo tanto la geometría como técnica que es capaz de generar y transportar información codificada, comprensible de una manera innata y capaz de conectarnos los unos con los otros. Haciendo un repaso a las técnicas de trenzado, nos damos cuenta de que en todo el mundo son comunes, y que una técnica determinada la podemos encontrar en diferentes regiones del planeta, aquí, en China, o en la India, y que nos hablan también de ese migrar continuo de la gente que demasiado a menudo se nos olvida.

De esta manera, Paradís, es más una transformación de algo existente que la creación de una nueva realidad estática. Cada vez más nos sentimos atraídos por el poderoso papel que la generación de historias tiene en la creación de un sentido de lugar, así como para dar forma a las características sobre las que surgen nuestras propuestas. En este sentido nos dimos cuenta que lo más importante en este proyecto era generar un sentido de lugar que animase una simple pérgola objeto del concurso. Para ello el proyecto crea una estructura hiper-ornamentada que deja pasar la luz generando todo una serie de sombras cambiantes a lo largo del día. Una especie de prototipo de reloj de sol que puntúe el espacio y lo hago característico y personal.

La geometría en abanico facilita su adaptación a los angostos espacios del casco antiguo, mientras que la viabilidad y constructividad del proyecto son sencillas. Se ha buscado con el mínimo de recursos que el resultado sea lo más atractivo posible. Una estructura de redondos de acero hace de marco para un tejido que sirve de base geométrica para la colocación de las flores, todo esto pintado en blanco.