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Sacred Mountain
parlamento hedonista para conversaciones ocultas en un entorno altamente jerarquizado
2013
Catalogado Premio Arquia/Próxima 2014

Un espacio-manifiesto en torno a procesos de subjetivación, técnicas de trenzado y cultura hedonista.

¿Quién tiene derecho a expresarse? Esta es una de las preguntas que más nos urge debatir, también en arquitectura, superando códigos estéticos obsoletos y fomentando de esta manera la innovación y la creatividad como parte fundamental del diseño arquitectónico en busca de la articulación de sociedades más democráticas.


En este sentido, el proyecto que lleva por título "Sacred Mountain, a soft place for hidden conversations" tuvo como objetivo la construcción de un pequeño espacio de descanso dentro de un campus universitario con la voluntad de que los propios usuarios que después utilizarían el espacio fueran parte activa durante el proceso de diseño. Para ello durante unos días planteamos el siguiente ejercicio; pedimos a diferentes alumnos de la universidad, tanto de ciencias como de letras, del primero al último curso, que intentasen dibujar, rápidamente y por separado, sensaciones que a ellos les pareciesen agradables y relajantes, sin ninguna especificación más. Lo que intentábamos conseguir era una suerte de cadáver exquisito donde a partir de la suma directa de 14 identidades individuales, se pudiese formar un espacio común, desjerarquizado, y no controlado por la universidad; un lugar para conversaciones ocultas. Después nosotros simplemente producimos los patrones y los montamos sobre una estructura como si de un vestido a medida se tratara. El resultado es un espacio de ensueño colectivo de carácter corporal y sensitivo donde los usuarios no sólo descubren con sorpresa para que sirve aquello que en principio sólo era un ejercicio de abstracción, sino que son capaces de detectar su propio diseño, al lado de otros que no habían visto antes, además de conseguir un espacio desde dónde mirar sin ser visto.


De esta manera el pequeño pabellón consiste en un espacio de unos 16 metros cuadrados en planta y dos metros veinte de altura que recuerda a la orografía de una montaña. En planta esta forma irregular permite que el espacio, pese a su reducida superficie, sea capaz de generar diferentes tipos de espacios fomentando tanto su apropiación por parte de los usuarios como evitando la existencia de un centro excesivamente claro que concentrara las miradas.


La envolvente del pabellón se configura a través de un trenzado básico de 14 filas de hexágonos que recubren toda la volumetría. Cada hexágono, a su vez, contiene una serie de composiciones geométricas a partir de cortes y dobleces -dibujadas por los usuarios- que hace única a cada fila. Finalmente cada una de ellas alberga un tipo de flor que refuerza la idea de montaña a la vez que convierte la envolvente en incontrolada y cambiante con el paso de los días y la atracción de todo tipo de insectos.


La estructura interior está compuesta por 5 secciones horizontales y 17 verticales ensambladas, todas ellas diferentes, de 10mm de espesor. Si el diseño del pabellón duró tres meses, su fabricación y su construcción tan solo unos pocos días a un precio razonable gracias a la utilización de máquinas de control numérico. Gran parte del valor de la cultura digital es el poder de “customizaje para todos los públicos” que nos permite luchar contra la realidad más seriada desarrollando un nuevo tipo de artesanía contemporánea con nuevas posibilidades estéticas. Para ello fomentamos un giro de nuestras preferencias hacia lo temporal y precario dejando que lo complejo, pequeño y dinámico aparezca espontáneamente.